Los nuevos modelos de la distribución cinematográfica

Gemán Puértolas García

No solo los modelos de prensa y radio han sufrido un cambio en sus estructuras de distribución con la llegada de las nuevas tecnologías, sino el coloso del cine está viendo como las viejas figuras de distribución comienzan a no ser válidas para todos. Las viejas reglas no son validas para todo el mundo, a pesar de ello un importante número de distribuidores continúan sin cambiar sus modelos de negocio.

Antiguamente pertenecíamos a una Era que podríamos catalogar como la de la Distribución Dependiente. En ella los Estudios y otros distribuidores tenían un control completo o total sobre el producto (controlaban el acceso de las audiencias desde el comienzo hasta el final del sistema). Los cineastas se acercaban suplicantes pidiendo el control de las películas en algunas de las ventanas del proyecto, pero había pocas excepciones que se auto-distribuyesen en salas comerciales.

Por lo que finalmente la gran mayoría de cineastas se volvían completamente dependientes de la fase de distribución buscando contratos cerrados que le daban a una solo compañía os derechos de distribución durante unos 20 años. A pesar del descontento general nada se hacía para cambiarlo.

Cuando llego la revolución digital a la producción, la accesibilidad a cámaras digitales y software de calidad posibilito a los cineastas tener la propiedad de su trabajo por primera vez. Podían ser verdaderamente independientes mientras hacían sus películas. Pero cuando llegaba el momento de la distribución, los viejos modos y actitudes continuaban. Por muy tenaces y activos que se mostraran los cineastas a la hora de traer sus películas al mundo, inevitablemente se volvían reacios y cautelosos al escoger entre las diferentes ofertas de distribución convencional que se les presentaban.

La llegada de la web 2.0 junto a los conceptos de fan, comunidad, interactividad a propiciado que ahora podamos afirmar que nos encontramos ante una nueva Era de Distribución Independiente, permitiendo a los cineastas retener mayor control que nunca sobre la distribución. Cuando al cineasta finlandés Timo Vuorensola se le ocurrió la idea para su película de Star Wreck, una parodia de Star Trek, sabía que conseguir distribución convencional sería inútil. El era sólo un aficionado finlandés con una comedia de ciencia ficción de presupuesto ridículo: algo no tan vendible a Hollywood. Así que ni corto ni perezoso se hizo sus propios fans en una red social que incluso colaboraron en la película, y para los que luego distribuyó su película gratis hasta alcanzar los nueve millones de copias descargadas. Por eso tiene claro que: “La liberación de forma gratuita es una buena comercialización”. Gracias a esta, sus ventas en línea de la mercancía -incluyendo camisetas y las ediciones de coleccionista del DVD- ha conseguido hacerle ganar 430.000 dólares en una película que sólo costó 21.500, y además consiguió un acuerdo de distribución con Revolver Entertainment en los EE.UU. y Gran Bretaña.

En la era de YouTube y las campañas de marketing viral, dice Time en un interesante artículo que sólo era cuestión de tiempo antes de que los cineastas independientes se dieron cuenta de que la reducción de los intermediarios en el proceso es a veces la mejor manera de garantizar grandes audiencias dispuestas a ver sus obras. “Los últimos 10 años ha sido un período de renacimiento del cine independiente y no ha habido más dinero en la producción de las películas que en cualquier otra década en la historia del cine”, dijo Jonathan Wolf, director ejecutivo de la American Film Market, en un evento anual para que cineastas y ejecutivos de los estudios firmen acuerdos de producción y distribución.

Desde la crisis económica, no sólo los grandes estudios, incluso muchos de los distribuidores de películas indie, como New Line Cinema, Miramax, la Weinstein Company y Paramount Vantage, han abandonado el mercado o redujeron su financiación. Por eso hay aventureros como Timo Vuorensola, o la animadora estadounidense Nina Paley que ignoró los métodos tradicionales de distribución, y lanzó su película, “Sita Sings the Blues”, una adaptación cómica de la épica hindú, el Ramayana, y se creó un blog y una web para descargar la película de manera gratuita. Fue un éxito instantáneo, y ella también vende mercancía en su sitio, incluidas las copias en 35 mm de la película estampada con una licencia Creative Commons, por lo que los compradores saben que el dinero va directamente a la cineasta. También puedes donarle comprando regalos que van desde los dos dólares hasta los dos mil. Hasta la fecha, Paley ha obtenido beneficios de 55.000 dólares, y sus conclusiones de todo esto fueron: “Lo que he aprendido es que cuanto más libremente se muestra la película, más público va a comprar el DVD y la mercancía que la rodea”. “Con un lanzamiento normal de una película, uno tiene que gastar tanto dinero en publicidad y promoción que las películas más independientes pierden dinero”.

Incluso algunos directores generales están comenzando a utilizar la distribución en línea para generar interés sobre sus proyectos o atraer espectadores. El año pasado, Michael Moore lanzó “Slacker Uprising” (un documental sobre sus intentos de que dimitiera George W. Bush, en el período previo a las elecciones de 2004) online de manera gratuita en los EE.UU. y Canadá para alentar a los jóvenes a votar. En mayo, la directora de documentales Franny Armstrong puso en marcha un sitio web llamado IndieScreenings, donde la gente puede comprar una licencia para distribuir su documental sobre cambio climático, “The Age of Stupid”. Se trata de incentivar a comprarla para distribuirla y quedarse con la entera ganancia de la venta de entradas. Ella no puede garantizar que su película no será copiada y compartida después de comprar la licencia para distribuirla, pero confía en la buena voluntad del pública y la eficiencia del boca a boca.
Liz Rosenthal, fundador de “Power to the Pixel”, una organización que propone nuevos modelos de distribución de películas, dice que la razón de que los directores indie muchas veces recurren a la web es porque se logra un mayor compromiso e identificación con el público. “El negocio de la película entera no tiene ninguna conexión con su audiencia”. “Y con cualquier negocio debes conocer a tu consumidor. Internet se ha convertido en una máquina de distribución gratuita, así que puedes vender cosas que nadie pueda copiar como aquello que gira alrededor de tu película y le gustaría tener a tu público: licencias, mercancías o copias en 35 mm de su película.” Este es el camino también no sólo de películas sino de series online de bajo presupuesto como Malviviendo o El Vagoneta.

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